¿Por qué está nuestro cerebro programado para que le guste el azúcar si es perjudicial para nuestra salud?

Aunque nos pese, el azúcar forma actualmente una parte importante de nuestra alimentación: los españoles consumimos unos 94 gramos de azúcar diariamente (entre consumo directo y azúcar añadido en productos procesados), que representa el doble de la cantidad máxima recomendada por la Organización Mundial de la Salud. Esta cantidad lleva aumentando desde hace años, a pesar de que sabemos que el consumo excesivo de azúcar añadido está directamente relacionado con algunas patologías como cáncer o hipertensión.

Sabemos que el consumo de azúcar (y hablamos del azúcar refinado o añadido, no del intrínsecamente presente en los alimentos) es perjudicial para nuestra salud, y aun así lo seguimos demandando y lo seguimos tomando. ¿Acaso estamos programados para que a nuestro cuerpo le guste el azúcar? ¿Puede considerarse una adicción?

Dependencia o adicción al azúcar

¿Existe realmente una «adicción» al azúcar? A la hora de usar este término hay cierta controversia: mientras que algunos científicos como Gary Taubes lo tienen muy claro y no dudan ni un momento en afirmar que hay personas adictas al azúcar, otros prefieren ser más cautelosos y dejarlo en el término «dependencia», un término con similares connotaciones negativas, pero quizás menos agresivo.

El hecho es que el consumo de azúcar afecta a nuestro organismo, concretamente a nuestros neurotransmisores, de una manera parecida a como lo hacen otras sustancias como las drogas. ¿Podemos hablar entonces de una adicción real?

El sistema de recompensa en el cerebro

¿Por qué los productos que contienen azúcar nos resultan tan atractivos y es tan placentero comerlos? Esto tiene relación con el sistema de recompensas que se activa de forma automática en nuestro cerebro cuando ingerimos alguno de estos productos.

En el mismo momento en que introducimos en nuestra boca un bocado de un alimento con azúcar, nuestras papilas gustativas detectan el sabor y comienzan a enviar señales a nuestro cerebro. Explicado de forma muy sucinta: estas señales activan el mecanismo de recompensa en nuestro cerebro, el mismo que se activa frente a otras sustancias como la nicotina o el alcohol, y hacen que se segregue dopamina, un neurotransmisor asociado con la sensación placentera.

Las señales que recibimos al ingerir productos ricos en azúcar son interpretadas por nuestro organismo desde el punto de vista de que ha sucedido «algo bueno», creando un recuerdo agradable del mismo. Es por esto que, en sucesivas ocasiones cuando nos encontremos de nuevo frente a la disyuntiva de «me como o no me como ese trozo de chocolate», nuestro cuerpo recuerde la sensación placentera y la respuesta habitual sea «¡pues claro!».

Como ocurre con otras sustancias que generan adicción o dependencia, cuanto mayor sea la cantidad de azúcar que consumamos en nuestro día a día, mayor será también la cantidad de azúcar que nuestro organismo demande para generar la misma respuesta placentera. Una peligrosa pescadilla que se muerde la cola y de la que podemos escapar «reseteando» nuestro umbral del dulzor. Para seguir leyendo pincha sobre la fuente.

Fuente de la noticia: https://www.vitonica.com/alimentos/por-que-esta-nuestro-cerebro-programado-para-que-le-guste-el-azucar-si-es-perjudicial-para-nuestra-salud

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