El exceso de entrenamiento en los niños . . . .

El EXCESO DE ENTRENAMIENTO EN LOS NIÑOS PROVOCA UN ELEVADO NUMERO DE LESIONES

Arantxa Sánchez Vicario dominaba la técnica del tenis a los seis años, Sebastian Coe entrenaba con asiduidad en las pistas cuando tenía once años y cualquier gimnasta o nadador de élite se ha sometido a preparaciones de gran intensidad desde la infancia. Sin embargo, muchos talentos quedan en el camino y no alcanzan triunfos deportivos por varias razones. La aparición precoz de lesiones severas, la desmotivación o simplemente un exceso de presión suelen ser causas de abandono del deporte de competición. ¿Dónde está el límite? ¿Cómo determinar las cargas de entrenamiento más adecuadas para que un talento deportivo infantil pueda progresar adecuadamente sin cometer excesos?

Todo indica que las cosas están cambiando en el deporte infantil. Según las estadísticas más recientes, la mitad de las lesiones que aparecen en deportistas infantiles son originadas por sobrecargas, es decir, por un exceso de entrenamiento. Se trata de un dato preocupante ya que este incremento de lesiones tipo crónico –debidas a volúmenes excesivos de entrenamiento a edades aún tempranas acerca a los niños a índices de los deportistas profesionales. La explicación parece estar en la existencia de una mayor presión de los padres para que los niños destaquen en la competición o simplemente en la implantación de programas de entrenamientos muy exigentes, que imitan los de los deportistas adultos y terminan por generar lesiones en los adolescentes.

El doctor John DiFiori, conocido especialista en medicina deportiva de la Universidad de California, llamaba la atención recientemente sobre el incremento en las lesiones por sobrecarga entre deportistas infantiles y juveniles. La “profesionalización” de los deportistas adolescentes –un hecho cada vez más frecuente- estaría generando unas cargas de entrenamiento que son incompatibles con los procesos de crecimiento de un organismo joven.

La evolución del crecimiento debe ser muy tenida en cuenta a la hora de evaluar la etiología (causa) y el pronóstico de estas lesiones. Una historia médica bien elaborada es fundamental para determinar exactamente qué proporción de lesiones obedecen a sobrecargas de entrenamiento y cuáles son simplemente una manifestación de la fragilidad de los cartílagos durante el crecimiento óseo. Los programas de rehabilitación, la prescripción de un periodo adecuado de descanso y la prevención de nuevas recaídas son medidas fundamentales a instaurar ante estas lesiones.

En los últimos meses se está llamando la atención –especialmente en las revistas estadounidenses de medicina deportiva- acerca de los riesgos de someter a los niños a cargas de entrenamientos muy exigentes tanto en duración del trabajo como en intensidad. Todos los expertos apuntan a las excesivas presiones de padres y entrenadores –creando en el niño la ansiedad de tener que triunfar en la competición a cualquier precio- como las causas últimas de este incremento de lesiones deportivas en la edad infantil.

Mientras dura la etapa de crecimiento, las zonas de cartílago son especialmente sensibles y pueden no responder bien ante cargas excesivas de trabajo físico. En concreto, las zonas más vulnerables son rodilla, codo y tobillo y en ellas se producen microtraumas con facilidad. Otras lesiones (como la enfermedad de Sever, que se localiza en el hueso calcáneo del talón) aparecen en las zonas de unión con el tendón, por ser éste más resistente que el cartílago de crecimiento.

Es importante que los entrenadores de deportistas en edad infantil presten atención a las curvas de crecimiento y vigilen de forma especial a aquellos atletas que estén experimentando un incremento muy pronunciado de estatura. Cada individuo es un caso aparte, aunque los promedios indican que las chicas experimentan su máximo crecimiento a los 12 años y los chicos a los 14.

A pesar del aumento en los índices de lesiones, lo que no se debe poner en cuestión son los beneficios que reporta la práctica del ejercicio físico regular en la edad infantil. El entrenamiento deportivo proporciona oportunidades de mejora de la autoestima, la capacidad de liderazgo y la disciplina, así como el desarrollo de la coordinación psicomotriz. En el lado negativo están los innegables riesgos se lesión aguda (que pueden ser trágicos en algunos casos de accidentes) pero son las lesiones crónicas por sobrecarga las que están aumentando en las estadísticas de los deportes infantiles.

Por lo general las lesiones originadas por sobrecarga aparecen cuando un tejido es sometido a un trabajo submáximo pero de forma repetida. Cuando este ejercicio afecta a alguna zona específica, ósea o tendinosa, el tejido acaba por adaptarse en respuesta al trabajo que se le exige. Sin embargo, si se sigue repitiendo el ejercicio y no se permite una recuperación adecuada, pueden aparecer microtraumas y comienza la respuesta inflamatoria con liberación de enzimas y sustancias vasoactivas que dañan el tejido a nivel local. Más adelante, el microtrauma evoluciona y provoca cambios de tipo degenerativo que conducen a estados de debilidad, pérdida de elasticidad y dolor crónico. En realidad, una lesión por sobrecarga es más un problema de tipo degenerativo que una lesión aguda (es decir, se trataría de una tendinosis más que de una tendinitis).

¿Qué circunstancias pueden aumentar la posibilidad de que un deportista infantil sufra una lesión por sobrecarga? Entre los factores intrínsecos destacan el propio crecimiento (por la sensibilidad del cartílago) y la existencia de una lesión antigua. Asimismo, las malas alineaciones anatómicas (es frecuente que suceda entre fémur y rótula, pero también se clasifican como tales el llamado pie plano y el pie cavo) determinarán un mayor riesgo de lesión por sobrecarga.

Asimismo pueden aumentar el riesgo de lesión factores de carácter externo como una técnica incorrecta o el uso de material deportivo poco adecuado. La falta de periodos de descanso entre las sesiones de entrenamiento o la excesiva presión de los padres pueden elevar también la probabilidad de que se produzca una lesión.

La participación infantil en el deporte –y éste sí es un dato positivo- es cada mayor en todo el mundo. Sólo  en Estados Unidos se estima que son unos 35 millones los muchachos de edades comprendidas entre 6 y 21 años que practican deporte con regularidad. El mayor incremento en la participación se ha dado entre las chicas, especialmente en voleibol, baloncesto y gimnasia.

Alteraciones súbitas en el ritmo de entrenamiento constituyen también un motivo de lesión. Un ejemplo muy típico es el de un joven que acostumbre a entrenarse en las  pistas de tenis dos o tres veces por semana y que, una vez acabado el curso escolar, ingresa en una escuela de verano en la que se ve sometido a entrenamientos diarios de cinco o seis horas. En estos casos el riesgo de lesión por sobrecarga aumenta de forma importante y son los padres y entrenadores los que han de estar muy atentos para que no se cometan excesos. En los niños el juego ha de estar siempre por encima de la competición.

FUENTE DE LA NOTICIA: Ignacio Romo, médico y periodista. Experto en medicina deportiva.

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