Alergia al trigo y sensibilidad al gluten: cómo distinguirlas, identificarlas y tratarlas

Seguro que has oído hablar de algunos trastornos alimentarios relacionados con el gluten, ¿verdad?. Lo cierto es que estas condiciones han cobrado especial relevancia en los últimos años, principalmente por un aumento de la visibilidad que tienen los productos sin gluten en los lineales de nuestros supermercados.

La industria alimentaria ha sabido aprovechar un filón evidente, y lleva un tiempo comercializando un gran número de productos sin gluten que satisfacen las demandas de este colectivo especial de la población, tales como panes especiales, galletas, bollería, y, en definitiva, cualquier producto alimenticio a base de cereales que sea susceptible de contener gluten en su composición.

Sin embargo, esa mayor visibilidad de los trastornos del gluten no se ha traducido en una mejor comprensión de estas dolencias por parte del resto de consumidores. Por ello, conviene aprender a diferenciar de forma correcta cuáles son los trastornos más habituales que se relacionan al consumo de gluten, cómo distinguirlos entre sí y cómo podemos tratarlos.

Qué es el gluten y cómo afecta al organismo.

Para conocer de verdad cómo se desarrollan los trastornos relacionados con el gluten, debemos comprender en primer lugar qué es el gluten exactamente.

Como ya contábamos en el artículo ‘Todo lo que tienes que saber sobre el gluten y la celiaquía (aunque no seas celíaco)’, el gluten se define como un conjunto de proteínas presentes en cereales como trigo, cebada o avena que es capaz de provocar ciertas reacciones indeseables en el organismo de personas sensibles.

Esto significa que no es problemático en todos los consumidores, por lo que dejar de consumir gluten simplemente por moda carece de todo sentido, y por supuesto no va a ser mejor para tu salud salvo que padezcas algún trastorno relacionado con el gluten.

Por qué se produce la enfermedad celíaca.

A pesar de que la celiaquía es, probablemente, el trastorno relacionado con el gluten más estudiado, aún cuenta con muchos mitos e informaciones incorrectas en torno a ella.

El principal error se basa en clasificar la celiaquía como una intolerancia, cuando realmente no lo es. Realmente, la celiaquía es una enfermedad que afecta a todo el organismo y que está mediada por el sistema inmunitario. Esto quiere decir que no es lo mismo que una intolerancia, ya que las intolerancias alimentarias generalmente se deben a problemas para digerir o asimilar ciertos componentes en el aparato digestivo.

Los anticuerpos que intervienen en la enfermedad celíaca son muy específicos, como por ejemplo los anticuerpos antitransglutaminasa o ATG, por sus siglas. Esto hace que la celiaquía tampoco se comporte como una alergia alimentaria, ya que estas suelen estar reguladas por anticuerpos de tipo IgE.

Todo esto provoca que la celiaquía no sea clasificada como una intolerancia ni como una alergia alimentaria, siendo unos de los trastornos alimentarios que mayor incertidumbre provoca entre la comunidad científica y que mayor interés ha provocado por parte de todo tipo de autoridades sanitarias.

Alergia al trigo, no solo al gluten.

A pesar de que el común de los mortales tendemos a clasificar la alergia al trigo como un trastorno relacionado con el gluten, lo cierto es que no es del todo correcto.

La alergia al trigo no solo se produce por culpa del gluten, sino que habitualmente está relacionada con un gran número de proteínas que posee el trigo -recordemos que el gluten solamente es una pequeña porción de las mismas- por lo que es una dolencia que cuenta con otro tipo de recomendaciones.

En casos de celiaquía y de sensibilidad no celíaca al gluten se recomienda retirar completamente el gluten de la dieta. Por el contrario, cuando estamos ante una alergia al trigo basta con retirar cualquier alimento elaborado a partir de trigo, permitiendo el consumo de otros cereales que sí contienen gluten pero que en este caso no serán problemáticos, como la cebada, el centeno o la avena.

El descubrimiento de la sensibilidad no celíaca al gluten.

Además de la alergia al gluten y la celiaquía, encontramos una tercera variante de enfermedad relacionada con la ingesta del gluten a través de la dieta: la sensibilidad no celíaca al gluten.

Esta condición afecta de forma muy concreta a ciertas personas, y en la actualidad supone todo un reto para los profesionales sanitarios ya que a día de hoy se desconoce completamente su mecanismo de acción.

La sensibilidad no celíaca al gluten tiene asociados algunos síntomas como dolores de cabeza, malestar general o incluso vómitos, que se presentan poco tiempo después del consumo de gluten.

Cómo tratar los problemas del gluten.

Por desgracia, a día de hoy no existe ningún tratamiento específico para remediar los trastornos que padece el ser humano relacionados con el gluten.

En todos los casos, tanto para alergias como celiaquía y sensibilidad no celíaca al gluten, el único tratamiento eficaz es la supresión completa del gluten en la dieta.

Por suerte, actualmente contamos con un amplio abanico de alimentos y productos sin gluten disponibles en cualquier establecimiento comercial. Esto hace que sea posible mantener una dieta sin gluten variada, equilibrada y nutritiva, ayudando a que esta tarea sea mucho más llevadera y fácil de adaptar a nuestro ritmo de vida actual.

El autodiagnóstico no es una opción.

Recuerda que nunca debes ejercer un autodiagnóstico si sospechas que puedes padecer una enfermedad relacionada con el gluten. La opción más sensata será siempre acudir a un médico o especialista del aparato digestivo que te ayude a comprender correctamente si tu problema está relacionado con el consumo del gluten o no.

Todos los trastornos relativos al gluten tienen síntomas parecidos entre sí, incluso con otras enfermedades digestivas. Por ello, conviene identificar rápidamente cuál es el problema para poder tratarlo de forma individualizada.

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